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Su vida y sus obras Por Charles Baudelaire algun maestro desventurado a quien la inexorable Fatalidad ha perseguido encarnizada, cada vez mas encarnizada, hasta que sus cantos no tengan mas que un solo estribillo, hasta que los cantos funebres de su Esperanza hayan adoptado este melancolico estribillo: ¡Nunca! ¡Nunca mas! Edgar A. Poe: El cuervo En su trono de bronce el Destino se burla, de amarga hiel empapando su esponja, y la Necesidad es para ellos tenaza. Theophile Gautier: Tinieblas En estos ultimos tiempos comparecio ante nuestros tribunales un desdichado cuya frente estaba marcada por un raro y singular tatuaje. ¡Desafortunado! Llevaba el asi encima de sus ojos la etiqueta de su vida, como un libro su titulo, y el interrogatorio demostro que aquel extraño rotulo era cruelmente veridico. Hay en la historia literaria destinos analogos, verdaderas condenas, hombres que llevan las palabras mala suerte escritas en caracteres misteriosos sobre las arrugas sinuosas de su frente. El angel ciego de la expiacion se ha apoderado de ellos y los azota con uno y otro brazo para ejemplo edificante de los demas. En vano su vida revela talento, virtudes, gracia: la sociedad tiene para ellos un anatema especial y acusa en ellos las lesiones que les ha causado. ¿Que no hizo Hoffmann para desarmar al Destino, y que no realizo Balzac para conjurar la fortuna? ¿Existe, pues, una Providencia diabolica que prepara la desgracia desde la cuna, que arroja con premeditacion naturalezas espirituales y angelicas en medios hostiles, como a martires en los circos? ¿Existen, pues, almas santas y destinadas al altar, condenadas a ir hacia la muerte y hacia la gloria a traves de sus propias ruinas? La pesadilla de las Tinieblas, ¿asediara eternamente a esas almas elegidas? En vano se agitan, en vano se forman para el mundo, para sus previsiones y asechanzas; perfeccionaran la prudencia, taparan todas las salidas, acolcharan las ventanas contra los proyectiles del azar; pero el Diablo entrara por el agujero de la cerradura. Una perfeccion sera la falla de su coraza, y una cualidad superlativa, el germen de su condenacion. Para romperla, el aguila, desde lo alto del cielo, sobre su frente al aire soltara la tortuga, pues ellos deben perecer fatalmente. Su destino esta escrito en toda su contextura, brilla con siniestro resplandor en sus miradas y en sus gestos, circula por sus arterias con cada uno de sus globulos sanguineos. Un celebre escritor de nuestro tiempo ha escrito un libro para demostrar que el poeta no podia encontrar buen acomodo ni en una sociedad democratica ni en una aristocratica, no mas en una republica que en una monarquia absoluta o templada. ¿Quien ha sabido, pues, replicarle perentoriamente? Yo aporto hoy una nueva leyenda en apoyo de su tesis y añado un nuevo santo al martirologio; debo escribir la historia de uno de esos ilustres desventurados, demasiado rica en poesia y pasion, que ha venido, despues de tantos otros, a hacer en este bajo mundo el rudo aprendizaje del genio entre las almas inferiores. ¡Lamentable tragedia la vida de Edgar A. Poe! ¡Su muerte, horrible desenlace, cuyo horror aumenta con su trivialidad! De todos los documentos que he leido he sacado la conviccion de que los Estados Unidos solo fueron para Poe una vasta carcel, que el recorria con la agitacion febril de un ser creado para respirar en un mundo mas elevado que el de una barbarie alumbrada con gas, y que su vida interior, espiritual, de poeta, o incluso de borracho, no era mas que un esfuerzo perpetuo para huir de la influencia de esa atmosfera antipatica. Implacable dictadura la de la opinion de las sociedades democraticas; no imploreis de ella ni caridad ni indulgencia, ni flexibilidad alguna en la aplicacion de sus leyes a los casos multiples y complejos de la vida moral. Diriase que del amor impio a la libertad ha nacido una nueva tirania: la tirania de las bestias, o zoocracia, que por su insensibilidad feroz se asemeja al idolo de Juggernaut. Un biografo nos dira seriamente bienintencionado es el buen hombre que Poe, de haber querido regularizar su genio y aplicar sus facultades creadoras de una manera mas apropiada al suelo americano, hubiese podido llegar a ser un autor de dinero (a money making author). Otro este un cinico ingenuo, que, por bello que sea el genio de Poe, mas le hubiera valido tener solo talento, ya que el talento se cotiza mas facilmente que el genio. Otro, que ha dirigido diarios y revistas, un amigo del poeta, confiesa que resultaba dificil utilizarle, y que se veia uno obligado a pagarle menos que a otros, porque escribia con un estilo demasiado por encima del vulgo. ¡Que tufo a trastienda!, como decia Joseph de Maistre. Algunos se han atrevido a mas, y uniendo la falta de inteligencia mas abrumadora de su genio a la ferocidad de la hipocresia burguesa, le han insultado a porfia, y despues de su repentina desaparicion, han vapuleado asperamente ese cadaver; en especial, el señor Rufus Griswold, que, para aprovechar aqui la frase vengativa del señor George Graham, ha cometido asi una infamia inmortal. Poe, experimentando quiza el siniestro presentimiento de un final repentino, habia designado a los señores Griswold y Willis para ordenar sus obras, escribir su vida y restaurar su memoria. Ese pedagogo-vampiro ha difamado ampliamente a su amigo en un enorme articulo mediocre y rencoroso, que precisamente encabeza la edicion postuma de sus obras. ¿No existe, pues, en America una disposicion que prohiba a los perros la entrada en los cementerios? En cuanto al señor Willis, ha demostrado, por el contrario, que la benevolencia y el decoro van siempre de consuno con el verdadero talento, y que la caridad con nuestros semejantes, que es un deber moral, es tambien uno de los mandamientos del gusto. Hablad de Poe con un americano: confesara acaso su genio, y hasta puede que se muestre orgulloso de el; pero en tono sardonico, superior, que deja traslucir al hombre positivo, os hablara de la vida disoluta del poeta, de su aliento alcoholizado que hubiera ardido con la llama de una vela, sus habitos de vagabundo. Os dira que era un ser errante y heteroclito, un planeta desorbitado que rondaba sin cesar desde Baltimore a Nueva York, desde Nueva York a Filadelfia, desde Filadelfia a Boston, desde Boston a Baltimore, desde Baltimore a Richmond. Y si, con el corazon conmovido por esos preludios de una historia desconsoladora, dais a entender que tal vez no sea solamente culpable el individuo, y que debe de ser dificil pensar y escribir comodamente en un pais donde hay millones de soberanos un pais sin capital, hablando con propiedad, y sin aristocracia, entonces vereis sus ojos desorbitarse y despedir rayos, la baba del patriotismo doliente subir a sus labios, y America, por su boca, lanzar injurias a Europa, su vieja madre, y a la filosofia de los antiguos dias. Repito que, por mi parte, he adquirido la conviccion de que Edgar A. Poe y su patria no estaban al mismo nivel. Los Estados Unidos son un pais gigantesco e infantil, envidioso, naturalmente, del viejo continente. Orgulloso de su desarrollo material, anormal y casi monstruoso, ese recien llegado a la Historia tiene una fe ingenua en la omnipotencia de la industria; esta convencido, como algunos desdichados entre nosotros, de que acabara por tragarse al Diablo. ¡Tienen alla un valor tan grande el tiempo y el dinero! La actividad material, exagerada hasta adquirir las proporciones de una mania nacional, deja en los espiritus muy poco sitio para las cosas no terrenas. Poe, que era de buena casta y que, por lo demas, declaraba que la gran desgracia de su pais era no poseer una aristocracia racial, dado, decia el, que en un pueblo sin aristocracia el culto de lo Bello solo puede corromperse, aminorarse y desaparecer; que acusaba en sus conciudadanos, hasta en su lujo enfatico y costoso, todos los sintomas del mal gusto caracteristico de los advenedizos; que consideraba el Progreso, la gran idea moderna, como un extasis de papanatas, y que denominaba los perfeccionamientos de la mansion humana cicatrices y abominaciones rectangulares, Poe era alla un cerebro singularmente solitario. No creia mas que en lo inmutable, en lo eterno, en el self-same, y gozaba ¡cruel privilegio en una sociedad enamorada de si misma! de ese grande y recto sentido a lo Maquiavelo que marcha ante el sabio como una columna luminosa a traves del desierto de la Historia. ¿Que hubiera pensado, que hubiera escrito el infortunado, si hubiese oido a la teologa del sentimiento suprimir el Infierno por amor al genero humano, al filosofo de la cifra proponer un sistema de seguros, una suscripcion de cinco centimos por cabeza ¡para la supresion de la guerra y la abolicion de la pena de muerte y de la ortografia, esas dos locuras correlativas!, y a tantos y tantos otros enfermos que escriben, con la oreja inclinada hacia el viento, fantasias giratorias, tan flatulentas como el elemento que se las dicta? Si añadis a esta vision impecable de la verdad, autentica dolencia en ciertas circunstancias, una delicadeza exquisita de sentidos a la que atormentaria una nota falsa, una finura de gusto a la que todo, excepto la exacta proporcion, sublevara, un amor insaciable a lo Bello, que habia adquirido la potencia de pasion morbosa, no os extrañara que para un hombre semejante la vida llegara a ser un infierno y que haya acabado mal; os admirara que haya el podido durar tanto tiempo. II La familia de Poe era una de las mas respetables de Baltimore. Su abuelo materno habia servido como quarter-master-general en la guerra de la Independencia, y La Fayette le dispensaba una gran estimacion y amistad. este, a raiz de su ultimo viaje a los Estados Unidos, quiso ver a la viuda del general y testimoniarle su gratitud por los servicios que le habia hecho su marido. El bisabuelo se habia casado con una hija del almirante ingles MacBride, que estaba emparentado con las mas nobles casas de Inglaterra. David Poe, padre de Edgar e hijo del general, se enamoro perdidamente de una actriz inglesa, Isabel Arnold, celebre por su belleza; se fugo y se caso con ella. Para unir mas intimamente su destino al de ella, se hizo actor y aparecio con su mujer en diferentes teatros, en las principales ciudades de la Union. Los esposos murieron en Richmond, casi al mismo tiempo, dejando en el abandono y en la penuria mas completos a tres criaturas, una de las cuales era Edgar. Edgar A. Poe habia nacido en Baltimore, en 1813. Doy esta fecha de acuerdo con su propia afirmacion, pues el se elevo contra la aseveracion de Griswold, que situa su nacimiento en 1811. Si alguna vez el espiritu novelesco, para servirme de una frase de nuestro poeta, ha presidido un nacimiento ¡espiritu siniestro y tempestuoso!, ciertamente, presidio el suyo. Poe fue, en verdad, hijo de la pasion y de la aventura. Un rico negociante de la ciudad, mister Allan, se entusiasmo con aquel lindo e infortunado a quien la Naturaleza habia dotado de un aspecto encantador, y como no tenia hijos, le adopto. El niño se llamo, pues, de alli en adelante Edgar Allan Poe. Fue asi criado en una grata holgura y con la esperanza legitima de una de esas fortunas que dan al caracter una soberbia certeza. Sus padres adoptivos se lo llevaron en un viaje que hicieron a Inglaterra, Escocia e Irlanda, y antes de regresar a su pais le dejaron en casa del doctor Bransby, que dirigia un importante centro de enseñanza en Stoke-Newington, cerca de Londres. Poe ha descrito en William Wilson aquella extraña casa, construida en el viejo estilo isabelino, y tambien sus impresiones de colegial. Volvio a Richmond en 1822 y prosiguio sus estudios en America bajo la direccion de los mejores profesores del lugar. En la Universidad de Charlottesville, donde ingreso en 1825, se distinguio no solo por una inteligencia casi milagrosa, sino tambien por una profusion casi siniestra de pasiones una precocidad realmente americana que fue, por ultimo, la causa de su expulsion. Conviene señalar de paso que Poe habia demostrado ya, en Charlottesville, una aptitud de las mas notables para las ciencias fisicas y matematicas. Mas tarde la empleara con frecuencia en sus extraños cuentos, y obtendra de ella medios absolutamente inesperados. Pero tengo razones para creer que no es a ese orden de composiciones a las que el daba mas importancia, y que quiza precisamente a causa de esa aptitud precoz las consideraba como faciles juegos de manos, comparandolas con las obras de pura fantasia. Unas desdichadas deudas de juego originaron una desavenencia pasajera entre el y su padre adoptivo, y Edgar hecho de los mas curiosos y que prueba, pese a lo que se ha dicho, una dosis de caballerosidad muy grande en su impresionable cerebroconcibio el proyecto de tomar parte en las guerras de los helenos y de ir a luchar contra los turcos. Partio, pues, hacia Grecia. ¿Que fue de el en Oriente? ¿Que hizo alli? ¿Estudio las costas clasicas del Mediterraneo? ¿Por que le encontramos nuevamente en San Petersburgo, sin pasaporte, comprometido, y en que clase de asunto, obligado a recurrir al ministro americano, Henry Middleton, para librarse de la sancion rusa y volver a su casa? Se ignora; existe ahi una laguna que el solo hubiese podido llenar. La vida de Edgar A. Poe, su juventud, sus aventuras en Rusia y su correspondencia han sido anunciadas largo tiempo por los periodicos americanos, pero no han aparecido nunca. De regreso en America, en 1829, expreso el deseo de ingresar en la escuela militar de West-Point; fue admitido, en efecto, y alli, como en otras partes, dio pruebas de una inteligencia admirablemente dotada, pero indisciplinable, siendo, al cabo de unos meses, expulsado. Al mismo tiempo ocurria en su familia adoptiva un suceso que debia tener las mas graves consecuencias sobre su vida entera. La señora Allan, por quien parece el haber sentido un afecto verdaderamente filial, fallecio, y el señor Allan se caso con una mujer muy joven. Y en esta epoca tuvo lugar una desavenencia domestica, una historia rara y tenebrosa que no puedo contar, porque no ha sido claramente explicada por ningun biografo. No es, por tanto, extraño que el se haya separado definitivamente del señor Allan, y que este, que tuvo hijos de su segundo matrimonio, le haya excluido por completo de su testamento. Poco tiempo despues de haber abandonado Richmond, Poe publico un pequeño tomo de poesias; fue realmente una aurora brillante. Para quien sabe sentir la poesia inglesa, hay ya en el un acento extraterreno, la serenidad en la melancolia, la deliciosa solemnidad, la experiencia precoz iba a decir, creo, la experiencia innata que caracterizan a los grandes poetas. La miseria le hizo ser soldado una temporada, y es de suponer que empleo los pesados ocios de la vida de guarnicion en preparar los materiales de sus futuras composiciones, composiciones extrañas que parecen haber sido creadas para demostrarnos que la singularidad es una de las partes integrantes de lo Bello. Al volver a la vida literaria, el unico elemento en que pueden respirar ciertos seres declasses, Poe fenecia en una extrema miseria, cuando un azar feliz le hizo mejorar. El propietario de una revista acababa de fundar dos premios: uno, para el mejor cuento; otro, para el mejor poema. Una letra singularmente bella atrajo la mirada de Mr. Kennedy, que presidia el jurado, y le dio deseos de examinar por si mismo los manuscritos. Y sucedio que Poe habia ganado los dos premios, aunque solo uno le fue entregado. El presidente del jurado sintio la curiosidad de ver al desconocido. El director del diario le llevo a un joven de una belleza chocante, andrajoso, abrochado hasta la barbilla, y que tenia el aspecto de un caballero tan orgulloso como hambriento. Kennedy se porto bien. Presento a Poe a un señor, Thomas White, que fundaba en Richmond el Southern Literary Messenger. El señor White era un hombre audaz, pero sin ningun talento literario; necesitaba un ayudante. Poe se encontro asi, muy joven a los veintidos años, director de una revista cuyo destino descansaba por entero en el. El creo esa prosperidad. El Southern Literary Messenger reconocio desde entonces que era a aquel excentrico maldito, a aquel borracho incorregible, a quien debia su publico y su fructuosa notoriedad. En ese magazine es donde aparecieron por primera vez la Aventura sin par de un tal Hans Pfaall y otros varios cuentos que los lectores veran ahora desfilar ante sus ojos. Durante cerca de dos años, Edgar A. Poe, con un maravilloso ardor, asombro a su publico con una serie de composiciones de un nuevo genero y con articulos criticos cuya viveza, claridad y severidad razonadas estaban hechas realmente para atraer las miradas. Aquellos articulos se ocupaban de libros de todo genero, y la solida cultura que el joven habia adquirido le sirvio de mucho. Conviene saber que aquella tarea considerable la realizaba el por quinientos dolares; es decir, por dos mil setecientos francos al año. Inmediatamente dice Griswold, lo cual quiere decir; ¡Se creia, pues, rico el muy imbecil! se caso con una muchacha bella, encantadora, de un caracter amable y heroico, pero que no tenia un centimo añade el propio Griswold en un tono de desden. Era la señorita Virginia Clemm, una prima suya. Pese a los servicios hechos a su diario, el señor White riño con Poe al cabo de dos años, aproximadamente. El motivo de esa ruptura estuvo, sin duda, en los ataques de hipocondria y en las crisis alcoholicas del poeta, accidentes caracteristicos que ensombrecian su cielo espiritual, como esas nubes lugubres que dan de pronto al paisaje mas romantico un aire de melancolia en apariencia irreparable. A partir de entonces, veremos trasladar su tienda al desventurado, como un hombre del desierto, y transportar su ligero petate a las principales ciudades de la Union. Dirigio en todas partes revistas o colaboro en ellas de una manera brillante. Difundio con deslumbradora rapidez articulos criticos, filosoficos y cuentos henchidos de magia, que aparecieron reunidos bajo el titulo de Tales of the Grotesque and the Arabesque , titulo notable e intencionado, pues los adornos grotescos y arabescos rechazan la figura humana, y ya se vera que por muchos conceptos la literatura de Poe es extra o sobrehumana. Sabremos, por notas ofensivas y escandalosas insertadas en los periodicos, que Mr. Poe y su mujer se encuentran enfermos de peligro en Fordham y en una absoluta miseria. Poco tiempo despues de la muerte de la señora Poe, el poeta sufrio los primeros ataques de delirium tremens. Una nueva nota aparecio de repente en un diario esta mas que cruel, en la que se acusa su desprecio y su asco del mundo, creandole uno de esos procesos tendenciosos, verdaderas requisitorias de la opinion, contra los cuales tuvo el siempre que defenderse, una de las luchas mas esterilmente fatigosas que conozco. Sin duda, ganaba dinero, y sus trabajos literarios le permitian casi vivir. Pero poseo pruebas de que el tenia que vencer sin cesar repugnantes dificultades. Soño, como tantos otros escritores, con una revista suya, quiso estar en su casa, y el hecho es que habia sufrido lo bastante para desear con ardor aquel cobijo definitivo de su pensamiento. A fin de alcanzar ese resultado y conseguir una suma de dinero suficiente, tuvo que recurrir a las lectures. Ya se sabe lo que son esas lectures, una especie de especulacion, el Colegio de Francia puesto a disposicion de todos los literatos, pues el autor no publica su lecture sino despues de haber sacado de ella todos los ingresos que puede producir. Poe habia dado ya en Nueva York una lecture de Eureka, su poema cosmogonico, que habia promovido incluso grandes discusiones. Penso aquella vez dar lectures en su tierra natal, Virginia. Contaba, como escribio a Willis, con hacer una gira por el Oeste y el Sur y confiaba en el concurso de sus amigos literarios y de sus antiguas amistades de colegio y de West-Point. Visito, pues, las principales ciudades de Virginia y Richmond contemplo de nuevo a aquel a quien habia conocido alli tan joven, tan pobre, tan derrotado. Todos los que no habian visto a Poe desde el tiempo de su oscuridad acudieron en masa para examinar a su ilustre compatriota. Y el aparecio apuesto, elegante, correcto, como el genio. Hasta creo que desde hacia algun tiempo habia el llevado su condescendencia al extremo de hacer que le admitiesen en una sociedad de templanza. Escogio un tema tan amplio como elevado: El principio de la poesia, y lo desarrollo con esa lucidez que es uno de sus privilegios. Creia, como verdadero poeta que era, que la finalidad de la poesia es de la misma naturaleza que su principio, y que no debe fijarse en otra cosa mas que en si misma. La buena acogida que le dispensaron inundo su pobre corazon de orgullo y de gozo; se mostraba de tal modo encantado, que hablaba de establecerse definitivamente en Richmond y de acabar su vida en los lugares que su infancia le habia hecho dilectos. Sin embargo, tenia asuntos en Nueva York, y partio el 4 de octubre, quejandose de escalofrios y de debilidad. Como siguiera sintiendose bastante mal, al llegar a Baltimore, el 6, por la noche, hizo llevar su equipaje al embarcadero, desde donde debia dirigirse a Filadelfia, y entro en una taberna para tomar un excitante cualquiera. Alli, por desgracia, se encontro con antiguos amigos y se detuvo mas de la cuenta. A la mañana siguiente, en las palidas tinieblas del alba, fue encontrado un cadaver en la via publica. ¿Debe decirse asi? No, un cuerpo vivo aun, pero que la muerte habia marcado ya con su real sello. Sobre aquel cuerpo, cuyo nombre se ignoraba, no se hallaron ni papeles ni dinero, y lo transportaron a un hospital. Alli murio Poe, la noche misma del domingo 7 de octubre de 1849, a la edad de treinta y siete años, vencido por el delirium tremens, ese terrible visitante que habia ya atacado su cerebro una o dos veces. Asi desaparecio de este mundo uno de los mas grandes heroes literarios, el hombre que habia escrito en El gato negro estas palabras fatidicas: ¿Que enfermedad es comparable al alcohol? Esa muerte es casi un suicidio, un suicidio preparado desde hacia largo tiempo. Cuando menos, provoco el escandalo. Fue grande el clamor, y la virtud dio salida a su canto enfatico, libre y voluntariosamente. Las oraciones funebres mas indulgentes tuvieron que dejar sitio a la inevitable moral burguesa, que se cuido de no perder una ocasion tan admirable. Mr. Griswold difamo; Mr. Willis, sinceramente afligido, se comporto mas que decorosamente. ¡Ay! El que habia franqueado las alturas mas arduas de la estetica, sumiendose en los abismos menos explorados del intelecto humano; el que, a traves de una vida que se asemeja a una tempestad sin calma, habia encontrado medios nuevos, procedimientos desconocidos para asombrar la imaginacion, para seducir los espiritus sedientos de Belleza, acababa de morir en unas horas en un lecho del hospital. ¡Que destino! ¡Y tanta grandeza y tanto infortunio para levantar un torbellino de fraseologia burguesa, para convertirse en pasto y tema de los periodistas virtuosos! Ut declamatio fiars! Estos espectaculos no son nuevos; es raro que un sepulcro reciente e ilustre no sea un lugar de cita de escandalo. Por otra parte, la sociedad no ama a esos rabiosos desventurados, y ya sea porque perturbaban sus fiestas o ya sea porque los considere de buena fe como remordimientos, tiene ella, a no dudar, razon. ¿Quien no recuerda las declamaciones parisienses a raiz de la muerte de Balzac, que murio, empero, de manera correcta? Y en fecha mas reciente aun hace hoy, 26 de enero, un año justo, cuando un escritor de una honradez admirable, de una elevada inteligencia, y siempre lucido, fue discretamente, sin molestar a nadie tan discretamente, que su discrecion parecia desprecio, a exhalar su alma en la calle mas negra que pudo encontrar, ¡que asqueantes homilias, que asesinato refinado! Un periodista celebre, a quien Jesus no enseñara nunca maneras generosas, encontro la aventura lo bastante jovial para celebrarla con un burdo retruecano. Entre la nutrida enumeracion de los derechos del hombre que la sabiduria del siglo XIX repite tan a menudo y con tanta complacencia, se han olvidado dos asaz importantes, que son: el derecho a contradecirse y el derecho a marcharse. Pero la sociedad mira al que se va como a un insolente; castigaria de buena gana ciertos despojos funebres, como aquel infeliz soldado atacado de vampirismo a quien la vista de un cadaver exasperaba hasta el frenesi. Y con todo, puede decirse que, bajo la presion de determinadas circunstancias, despues de un serio examen de ciertas incompatibilidades, con firmes creencias en ciertos dogmas y metempsicosis; puede decirse, sin enfasis y sin juego de palabras, que el suicidio es a veces el acto mas razonable de la vida. Y asi se forma una compañia de fantasmas, ya numerosa, que nos visita familiarmente, y en la que cada miembro viene a ensalzarnos su reposo actual y a confiarnos sus persuasiones. Confesemos, no obstante, que el lugubre fin del autor de Eureka suscito algunas consoladoras excepciones, sin lo cual seria cosa de desesperarse y el mundo resultaria insufrible. Mr. Willis, como ya he dicho, hablo con honradez, y hasta con emocion, de las buenas relaciones que habia mantenido siempre con Poe. Los señores John Neal y George Graham llamaron al señor Griswold al orden. El señor Longfellow y ello es tanto mas meritorio cuanto que Poe le habia maltratado cruelmente supo alabar de una manera digna de un poeta su elevada potencia como poeta y como prosista. Un desconocido escribio que la America literaria habia perdido su cabeza mas poderosa. Pero el corazon partido, el corazon desgarrado, el corazon traspasado por siete puñales, fue el de la señora Clemm. Edgar era a la vez su hijo y su hija. ¡Rudo destino dice Willis, de quien tomo estos detalles casi textualmente, rudo destino el que ella velaba y protegia! Porque Edgar A. Poe era un hombre embarazoso; aparte de que escribia con una fastidiosa dificultad y con un estilo demasiado por encima del nivel intelectual corriente para poderle pagar caro, estaba siempre atosigado por apuros monetarios, y con frecuencia el y su mujer enferma carecian de las cosas mas precisas en la vida. Un dia, Willis vio entrar en su despacho a una mujer, vieja, dulce, seria. Era la señora Clemm. Buscaba trabajo para su querido Edgar. El biografo dice que se sintio hondamente emocionado no solo por el elogio perfecto, por la exacta apreciacion que hizo ella del talento de su hijo, sino tambien por todo su aspecto exterior, por su voz suave y triste, por sus maneras un poco anticuadas, pero bellas y nobles. Y durante varios años añade hemos visto a esa infatigable servidora del genio, pobre y mal vestida, de diario en diario para vender unas veces un poema, otras un articulo, diciendo en ocasiones que estaba enfermo unica aplicacion, unica razon, invariable disculpa que ella daba cuando su hijo se hallaba atacado momentaneamente de una de esas esterilidades que conocen los escritores nerviosos, sin permitir nunca que sus labios soltasen una palabra que pudiera ser interpretada como una duda, como una falta de confianza en el genio y en la voluntad de su bienamado. Cuando su hija murio, ella se consagro al superviviente de la destrozada batalla con un a
Biografia enviada el Viernes, 28 de Marzo de 2008 y leido 181 veces.
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