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Escritor, diplomatico y politico español, nacido en Cabra (Cordoba) y fallecido en Madrid. Estudio leyes en el Colegio del Sacro Monte de Granada y en la Universidad de Madrid. Como diplomatico, desempeño cargos importantes en las legaciones de Roma, Napoles, Lisboa, Rio de Janeiro, Dresde y San Petersburgo -lo que le permitio conocer el ancho mundo y completar su solida formacion humanistica con el dominio de las principales lenguas extranjeras- y represento a España en Paris como ministro plenipotenciario (1865-67) y como embajador en Lisboa, Washington, Bruselas y Viena. Como politico, milito en el Partido Moderado, ocupo la subsecretaria de Estado con el duque de la Torre y, paladin de la candidatura de don Amadeo de Saboya, paso a Italia a ofrecerle la corona de España. Toda una vida brillante, que, sin embargo, quedo oscurecida por su fama de escritor. Fue ante todo un fino literato que, en un momento tardio, abordo el genero novelistico; un hombre de gran cultura, lector de Goethe y de los clasicos griegos -tradujo Dafnis y Cloe -, personaje de mundo y viajero diplomatico, inclinado a la critica y la polemica literaria. Es un sintoma que, en sus Cartas americanas , diera la bienvenida a las letras a Ruben Dario por su Azul... Es digno de subrayarse que, llegado el momento de la labor novelistica, el problema y peligro de Valera estan en el lado opuesto al de los restantes novelistas coetaneos españoles: el tiende a pecar por exceso de atildamiento y frialdad elegante, mientras que sus coetaneos, como Galdos, han de esforzarse en salvar la disyuntiva de la vulgaridad o la resonancia cervantina. Tambien los temas de sus narraciones muestran una actitud insolita en su momento: una suerte de neohelenismo, casi paganizante, humanista en toda la extension de la palabra, ajeno a grandes problematicas conturbadoras, sociales o religiosas. Asi, su mas celebrada novela, Pepita Jimenez (1873), presenta en su argumento la figura de un seminarista que cuelga los habitos por una bella dama de su pueblo, cortejada por el propio padre del seminarista. En contraste siempre con sus contemporaneos, Valera hace visible el ambiente y fuerza de pinceladas detallistas, de apuntes objetivos y de sugerencias calculadas, no emanando de la fuerza espontanea de los personajes. Y por lo que toca a estos, los presenta con sutil despego y, a la vez, con meticuloso analisis psicologico. En Doña Luz (1879), Valera lleva a una tension dificil el problema entre el amor divino y humano, ya planteado en Pepita Jimenez, aunque sin llegar a rupturas tragicas; pero ha prevalecido sobre esta obra, en la fama, Juanita la Larga (1885), con especial riqueza de ambiente popular y mas proxima al tono vigente en aquella epoca para la narrativa. Su argumento es otra variacion sobre el tema de las ?afinidades? y contrastes ?electivos?; pero aqui la tension radica solo en una diferencia humana de edad y personalidad, sin alcance religioso. Entre el reducido resto de la obra narrativa de Valera destaca el caso de Las ilusiones del doctor Faustino (1875), como posible precedente de una forma novelistica que florecio despues, con Unamuno y algunos autores inmediatamente sucesivos; es decir, sin interesarse por atmosferas sociales ni por el realismo imitativo, sino apuntando, en forma poetica, casi alegorica, a una problematica interior de sueños y creencias. (Juan Valera y Alcala Galiano, 1824-1905)
fuente : biografiasyvidas.com
Biografia enviada el Viernes, 28 de Marzo de 2008 y leido 207 veces.
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